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Todavía me acuerdo hace más de ocho o diez años.

Realizábamos los Reportajes de Boda en lugares sumamente preparados para ello, la mayoría de las veces en entornos verdes. Eran los tiempos de las Hasselblad, Mamiya o Brónica, excelentes cámaras, pero de muy difícil maniobrabilidad. El enfoque, manual y lento, no te permitía sacar fotografías naturales, dinámicas, al correr el riesgo de que salieran desenfocadas.

Se trabajaba con el fotómetro muy a mano, y aunque distinguías la luz que podía haber por la experiencia, lo más inteligente era no arriesgar. Cada venticuatro fotos, a cambiar de rollo. Y así hasta llegar a los diez o doce rollos de negativo, y no era poco el coste que tenía cada uno de ellos.

Eran tiempos donde la fotografía tenía un mérito especial. Absolutamente nada de lo que hacíamos podía verse, hasta dos días después tras el revelado. Y los fotógrafos de toda la vida deben tener el mayor reconocimiento.

Según me contaba mi maestro en la fotografía Jose Antonio, uno de los mejores personas que he conocido, además de “el Sr. Ortega”, en las ceremonias te podías encontrar a varios fotógrafos deseando hacer tus fotografías de Boda. Quizás alguno de nuestros padres pudo ver alguna de esas disputas entre ellos, el mismo día de su Boda. Eran los años ochenta.

A aquellos grandes fotógrafos les debemos que los novios puedan decidir libremente a qué profesional escoger para su Día, y no como ocurre en otros lugares como Madrid donde la Iglesia te impone a su fotógrafo o el restaurante ejerce una dura presión para lo mismo.

Gracias a ellos la Fotografía de Boda es en Bizkaia una de las más importantes a nivel estatal, y eso me hace sentir muy orgulloso.

Ahora todo es más fácil. Puedes apasionarte con la creatividad y arriesgar, si se puede llamar arriesgar ver instantáneamente cada fotografía realizada.

El fotógrafo y el ordenador se han convertido en amigos inseparables, aunque yo soy de la teoría de que de debemos seguir haciendo cosas bellas antes, y no luego, a base de multitud de capas con el photoshop. Pero es difícil negarse a ello.

Y de la misma forma que los padres de mi mujer tropiezan día sí y al otro también con las teclas de su teléfono móvil, de igual forma dentro de veinte años ya no habrá ordenadores, sino microdispositivos 6D, que hacen fotografías que guardan el recuerdo y las sensaciones, y quizás me pille tan mayor que mire atrás a estos tiempos de ahora con añoranza.

Sólo espero que si me pilla mayor para adaptarme a esos dispositivos 6D, los bebés de ahora, que son los que seguro sabrán manejarlos, sólo espero que me traten con tanto respeto como el que tengo a todos los fotógrafos de la mal llamada vieja escuela.

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